Nuestra labor: sembrar… La mayoría de las veces no recogeremos ni veremos los frutos de nuestro esfuerzo y sacrificios.
No podemos dejar de sembrar, porque sin ello la vida pierde el sentido total. Los demás dependen de nosotros y nosotros del buen que les hacemos.
Con el diablo no se compite ni dialoga. Huir del demonio dijo la Carta de Santiago. El coqueteo con los corruptos y quienes te plantan la guerra debe ser cortado de raíz.
La superficialidad de vida es tan similar a la inconstancia. Es lo que se llama mucha espuma poco chocolate. Mucho dulce poca comida nutritiva. Muchos infantilismos poca adultez. ¡Qué la tierra produzca por nuestra labor demanda constancia, bajo perfíl, sin promociones y sin voz cantante! La verdadera alegría es que los demás tengan vida.
Y los gozos y placeres a granel, los antivalores de una sociedad en que todo se mide por el poder, el poseer y el placer- parecer vuelven infértil y no resiste las tempestades dicho terreno sembrado.
Humillense en la presencia del Señor, es decir, sean humildes, hacer todo lo posible para comulgar del trabajo del hombre como manda la Iglesia y el mal huira de nosotros.
san Charbel, ruega por nosotros y por la paz doquier haya guerras y tempestades

