La temprana muerte de su madre llevó a un hombre noble a dejarlo todo, a dedicarse a la oración, penitencia bajo la guía de San Ignacio de Loyola.
No pudo evitar la guia de la Compañía de Jesús dedicándose de lleno a las vocaciones, a la fundación de colegios y a las misiones en América y en la India.
En especial dedicó tiempo a visitar los santuarios marianos, como el de Loreto donde reafirma su fe en la encarnación de Jesucristo en el seno de la Sagrada Familia de Nazaret.
Una vida dedicada a la misión de la Iglesia.
