Siervo de los siervos de Dios. Fue el título que escogió un hombre que nació con todo, que ejerció los cargos más importantes de su tiempo, tiene un encuentro con Jesús Eucaristía por medio a la vida monástica para que en medio de las más graves crisis fue elegido Obispo de Roma para auxiliar al Pueblo que sufría por las epidemias, los desastres naturales y las luchas violentas entre reinos contiguos.
Las misiones a tierras donde no se conocía Evangelización ni respeto a la vida fueron su desvelo, y la Misa por los difuntos su motivo de oración.
Su comentario al libro de Job nos tiene que llevar a todo a asumir las virtudes de quien reza: el Señor me lo dió, el Señor me lo quitó… ¡Benito sea el nombre del Señor!… Yo sé que mi Redentor vive, y en esta carne veré el rostro del Señor.
Junto a San Gregorio Magno y todos los Santos Papas, Padres y Doctores de la Iglesia, rogamos por Sabios y Santos Pastores que necesita el Pueblo de Dios.

