En el Evangelio nunca vemos a la Madre de Jesús en solitario. Siempre está acompañada por los discípulos de la Comunidad Eucarística. En aquella época una mujer, virgen, casada o viuda podía estar andando a solas.

Arropada en la viudez por quienes buscaban hacer la voluntad del Padre Celestial, hecho que le permitió a Jesús ejercer su Ministerio Público con total libertad y con el respaldo de una Comunidad que velaba por su seguridad, su misión y su persona en todos los sentidos.

De esto se trata hacer la Voluntad del Padre, el hecho de pertenecer a la Familia de Dios a la que llamamos Iglesia.

Escuchamos con frecuencia desde hace mucho y cada vez con más insistencia de quienes buscan a Jesús que necesitan más que los ritos sagrados, las reuniones grupales, los encuentros masificados de algarabias y emociones desbordadas.

La actual generación busca una relación de intimidad, personal, sincera, espontánea con el Hijo de Dios. La Eucaristía es esa persona, ese ámbito y esa aceptación de la realidad que el hombre de hoy en día ansía.

Este es el gran regalo, don que la Virgen María nos da como hermanos del Señor, nuestra identidad cristiana.

San Lorenzo de Brindis, Predicador y Doctor de la Iglesia… Ruega por nosotros.