Tempranito, terminando la madrugada, había ruido Fray Escoba, limpiando el patio, las áreas comunes del convento, antes del Oficio en Común del rezo de los Dominicos en Lima.
Después ha hacer las compras al mercado, hecho que levantaba suspicacia porque la canasta con la compra llegaba caso vaci. Después descubrieron que el hermano de piel oscura, al que no se le permitia por ello acceder al Sacerdocio, repartía entre los hambrientos y los pobres la comida de la comunidad conventual.
De gran capacidad para las ciencias y dedicado antes de su ingreso a los Dominicos al servicio de barbero cirujano, cuidaba de la salud del que lo necesitace.
Los dones del Espíritu se manifestaban en uno de los santos más queridos por el pueblo. Con razón el Papa del Concilio, San Juan XXIII lo canonizó, hecho este que fue un escándalo para su época.
El Papa León XIV bien conoce la devoción y los lugares en Perú por donde anduvo Fray Martín de Porres. A esos sitio peregrinará en los próximos días.
No deja de asombrarnos el hecho de que en la Iglesia, incluso para sus mismos hijos que les cuesta mucho asumir, a pastores y fieles, consagrados y seglares, que la grandeza y la santidad de Dios está en los pobres y pequeños, a diferencia de aquello que aspiraba el mundo que está de espaldas a Dios.
PMAGS