El Mártir franciscano del holocausto nazi es maestro en el amor a la Virgen María. Ella nos consigue de Dios las gracias de Nuestro Señor Jesucristo.

En sus cartas nos dijo al respecto:

«La voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios. Nosotros, por tanto, consagrándonos a ella, somos también, como ella, en las manos de Dios, instrumentos de su divina misericordia. Dejémonos guiar por María; dejémonos llevar por ella y estemos, bajo su dirección, tranquilos y seguros: ella se ocupará de todo y proveerá a todas nuestras necesidades, tanto del alma como del cuerpo; ella misma removerá las dificultades y angustias nuestras.

Esta noche celebraremos las Vísperas de la Solemnidad de la Virgen María apsunta en cuerpo y alma al Cielo.