¡Cuántas veces, como los hijos del Zebedeo, hemos querido las glorias de este mundo!
Agradezcamos un privilegio mayor que se nos ha concedido sin merecerlo: beber del mismo Cáliz del Señor.
Rogamos a Santiago Apóstol, hermano mayor de San Juan, el poder recibir el bautismo fina del Señor, como estos dos los recibieron al final de sus días.
Ser SERVIDORES, no dominadores, COLABORADORES y no dueños de lo que se consigue con la injusticia, la corrupción y el despojo de lo que corresponde a los menos afortunados, y afanar hasta el agotamiento por ser no solo buenas, sino MEJORES PERSONAS que buscan el bienestar de los suyos, la Iglesia y la sociedad.
El primer en morir, de los Apóstoles, por Cristo. El de mayor edad dió el ejemplo supremo de como deben acabar sus días los mayores en la Iglesia con su sacrificio por el Pueblo de Dios.
María, Reina de los Apóstoles y Mártires, ruega por nosotros.

