Pasar del yo mismo al nosotros, del cada uno por su lado a la vida comunitaria. Por ello, queremos y batallamos por vivir conforme a los Mandamientos de la ley del amor de Dios, es decir, la vida en Cristo, la vida en el Espíritu Santo.

Dios nos ha dado a su Unigenito Jesucristo para que siempre esté con nosotros. Y nuestros corazones están vinculados por el mismo Espíritu Santo. Por ello comulgamos y participamos de los Sacramentos de la Fe Católica.

El misterio de vida eterna se nos ha comunicado para que podamos creer que esta existencia vivida en el amor del Dios Uno y Trino es capaz de vencer todo odio que conduce a la condenación y salir de toda perdición.

En María, Nuestra Señora de la Visitacion, encontramos el rostro maternal de Dios. Ella es el cuello en el Cuerpo de Cristo. Y por la intercesión de nuestra Madre del Cielo recibimos el consuelo y la fortaleza del Espíritu de su Hijo.

Profesemos nuestra fe bautismal en la Santísima Trinidad, porque somos hijos de la Iglesia.