Día de los párrocos y de todo sacerdote que ejerce la cura de almas.
El carisma de San Juan María Vianney ha marcado para bien a la Iglesia por siempre. Es modelo de todo sacerdote y de su ejercicio pastoral.
Confesionarios descuidados. Celebración de la Santa Misa muy esporádica, hecha de manera rutinaria y con poca preparación. Casi nunca. Sagrarios sin asistencia a la oración de abandono. Y la atención a los pobres, nula. Esta es la radiografía de la Iglesia en Francia en el siglo XVIII-XIX.
Largas horas e incluso vigilias frecuentes hacía, a solas, delante del Santísimo Sacramento. Vida de austeridad en su vestir, vivienda, comida y sin bienes en su tener. Sus sermones minuciosamente preparados, con celo por la Iglesia, de profunda espiritualidad y con el llamado al compromiso radical con Jesucristo y la santidad de vida.
Las multitudes de todas partes acudían a confesarse con él. No faltaba en su parroquia la Santa Misa. Y una constante que le acompañó fueron los constantes ataques del demonio en todas las formas posibles.
Oren por nosotros los sacerdotes porque, en este día del sacerdote dedicado a la evangelización con los sacramentos y a las comunidades eclesiales que ayudan preferencialmente a los pobres, tanto tenemos que aprender e imitar del Cura de Ars.

