Nos habla la revelación de servidores al lado de Dios, criaturas espirituales salidas de sus manos para proteger a los hijos del Altísimo y guiarlos por el camino del bien.
Se caracterizan ellos, nos dice San Bernardo de Claraval, por ser poderosos y a la vez prudentes.
Cada uno tenemos nuestro ángel guardián. La cuestión es: ¿cómo ser ángel guardián a favor del hermano?
Hay empleados, compañeros de trabajo o familiares, ciudadanos que se erigen como adversarios gratuitos, es decir, como diablos.
¿Soy un ángel guardián o un diablo para los demás?
Lo verdadero, lo sincero, la unidad en el respeto de la sana y natural diversidad son valores y atributos a cultivar que acompañan a los que quieren asemejarse a los ángeles de Dios. Podemos cambiar el mundo y nuestros ambientes para bien de todos. En eso nos parecemos a los ángeles.
María, Reina de los Ángeles… ruega porque aquilatemos estos valores profundamente humanos
