Rechazo total por parte del Papado al rigorismo que brotó por doquier en la Iglesia del siglo III DC.

La Reconciliación para el perdón de los pecados es distintivo de la Comunidad Eucarística para con sus hijos que han sucumbido ante la tentación y la persecución y se han arrepentido de ello con la Penitencia.

Otro aspecto de la Iglesia es su acogida a los hombres de cualquier nación, condición social y raza. Las tensiones por estas y otras causas más entre los miembros de la Iglesia provocaron facciones.

Surge entonces el primer antipapa. Un hombre culto, celoso de la fe católica y fervoroso sacerdote quiere determinar por mismo a la gracia de Dios.

Se produce el cisma. Dios por caminos misteriosos, los de la Cruz de Cristo, une lo que el hombre separa. Mueren desterrados el Papa Ponciano e Hipólito, en la Isla de Cerdeña, de hambre y sed. Pero, antes, se reconcilian.

La santidad va más allá que el mero cumplimiento de los mandamientos, la práctica religiosa de los Ritos Sagrados y los Códigos Institucionales. Examinemos el hecho de que hacemos grandes obras, servicios y aportes, cómo es el caso de la Tradición Apostólica de San Hipólito de Roma junto a los rituales sacramentales que hoy determinan la realización de nuestros Sacramentos de Iniciación Cristiana. El Jueves Eucarístico es la proclamación de que lo más importante en la fé es la caridad. Lo otro puede convertirse en una proyección de nuestro orgullo y voluntad acaparadora enferma.

Recemos como les invito cada año en esta fiesta de estos nuestros Mártires Pastores Romanos con la Plegaria Eucarística II de San Hipólito de Roma. Rezar esta plegaria indica que no somos dignos de tan gran bondad que se nos concede al celebrar las Cosas Santas y tenemos que arrepentirnos del hecho de no ser buenas y mejores personas.