No es tonto aquél que sacrificó su patrimonio familiar, su educación al más alto nivel de las universidades europeas de su tiempo y renunció a su estabilidad y prosperidad económica a causa de fé católica, de su identidad cultural y su amor a la tierra que le vió nacer.
Ese fue Juan Pablo Duarte. Los discípulos inmediatos de San Pablo Apóstol, los Obispos Santos Timoteo y Tito describen en sus cartas a los verdaderos servidores de la Iglesia. Así han de ser los ciudadanos de toda sociedad.
No demos protagonismo a las personas que hacen lo mal hecho. Todos estamos de paso. Solo quedarán las obras buenas que realicemos en favor de los demás. Alejemonos de los corruptos. Y la ley de la vida hará profilaxis, esa que tanto necesita la República Dominicana.

