El Pan de la Inmortalidad se nos ha dado.

El alimento obtenido con sacrificio, lágrimas y amargura se ha convertido hoy en comida de salvación.

Si necesitas paz, aquí está Èl. Si tienes que perdonar ofensas, Él te hará olvidar y dejar todo eso en el pasado. Si te despreciaron por alguna causa ajena a la buena educación y al trato digno y honesto, beberás ahora del Cáliz que contiene en si todas las bendiciones.

Todo lo mencionado es nada en comparación con aquello de lo que Dios te ha librado y estabas aferrado y apegado a cosas, personas y lugares de los cuales eras esclavo, sometido a la más perturbadora oscuridad y tinieblas, y no te dejaban progresar.

De la vida de Dios hemos venido a recibir. Todo nacimiento, crecimiento, liberación, compromiso y entrega por la unidad familiar y eclesial es sumamente doloroso, traumatico y necesario. Esto es lo que celebramos en los Sacramentos de la Iglesia Católica.

Con María Santísima, Virgen Madre, participemos agradecidos y en paz de la Comunión con el Padre y el Hijo, del Pan que bajó del Cielo.

Adoremos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, Nuestro Unico Señor, nuestra fortaleza, nuestra vida y nuestro todo.