Con gran esfuerzo, mucha oposición a su construcción, zaqueada por piratas, profanada por oportunistas, faro de la Luz es la Catedral Metropolitana de Santo Domingo.
Después de San José y su solemnidad, la Cuaresma de este año 2026 nos trae más agua y sombra del Oasis que es la Sagrada Familia en este caminar por el desierto.
Ahora nos acercamos a nuestra Madre, la siempre Virgen María en su Anunciación. En ella, por su Hágase, se ha encarnado el Hijo del Altísimo, la ha cubierto con su sombra el Espíritu Santo Eterno y por su pura gracia se ha hecho participes de esta noticia.
¡Qué mejor preparación para la Semana Santa! ¡Qué apoyo recibimos de la Iglesia en tiempos tan convulsos de carestía, de violencia, de hombres que se dicen creyentes del único Dios y solo proceden aplastando y matando!
Pedimos a la Virgen María no buscar grandes cosas y emociones desbordadas para esta próxima Pascua. Le suplicamos por silencio de comunión que devuelva la serenidad y equilibrio a nuestra vida. El ocultamiento de ese aposento dónde la Virgen respondió al Arcángel Gabriel con total disponibilidad al plan de Dios para salvar a esta humanidad aunque todo fuese adverso.
Madre de la Encarnación, aumenta nuestra fe. Danos plena confianza en que nuevos caminos, más personas y entrega sin recursos turbios y mundanos caracterizaran al tiempo de misión de la Iglesia que sigue a la celebración especial de cada año de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo dada en cada Eucaristía.

