Antes de la Pasión del Señor, del domingo de Ramos, nos acercamos a la Dolorosa, a las espadas que traspasan su Inmaculado Corazón.

La Virgen sufrió el rechazo contra su Hijo. Más ella comprobó que en ningún momento Jesús quedó en el suelo, derrotado, destruido.

San José Castísimo y ella prepararon a Jesús para la entrega máxima, el suplicio de la Cruz. Triunfaron como familia, se realizaron plenamente como creyentes primero y luego como padres porque acataron la voluntad de Dios para salvación de todos.

Verdadera Madre es la Virgen de los Dolores. Ella es el modelo a seguir para toda mujer, para toda la Iglesia y toda institución humana.

Eb cadaa lagrima de María, siempre al pie de la Cruz y presente en cada Eucaristía, en cada Pentecostés de la Iglesia, las lágrimas de toda madre entregada sin límites por sus hijos tienen valor de redención y alcanzan por su mediación todas las gracias del Cielo.

Benditas madres, abuelas, suegras, señoras y benefactoras que se inmuscuyen en la vida de los suyos, en especial, cuando las cosas no van bien y lograrán salvar a sus familias y a los suyos.