La enfermedad y el pecado en tiempos de Jesús eran consideradas consecuencias una de la otra.

La Iglesia batalló para eliminar estos prejuicios y quitar una carga tan pesada a los que tanto sufren.

El ministerio de la misericordia en lo espiritual y en las dolencias físicas pronto se convirtió en prioridad en la comunidad sacramental.

Tanto en hacer el bien a otros como en la fe en el perdón de los pecados en Jesucristo van de la mano.

De modo superlativo debe resaltar una vida virtuosa, generosa y caritativa. Está es la comprobante del perdón de nuestros pecados y nuestro arrepentimiento.