La Parábola del Heredero, el Hijo del Dueño de la viña, asesinado por sus mismos sirvientes para quitarle sus posesiones y ocupar su lugar, no solo recrea el Vía Crucis tan propio de este tiempo penitencial, sino que nos lleva a arrepentirnos de nuestras envidias, negocios inmundos e ilegales, criticas a los demás y actos de rebeldía e incumplimientos de las leyes.
Se necesita una nueva generación educada en el rechazo a la maldad, al crimen, a la ambición desmedida que desprecie la violencia y el aplastar a los demás a toda costa.
En el ejércicio de nuestras labores y roles como autoridad, responsables de nuestra vida religiosa y de otros, y en el deber a cumplir a toda hora y lugar de ser agentes de cambio social es un imperativo el actuar de manera totalmente opuesta a los gobernantes, somos sacerdotes y fariseos del tiempo de Jesús… Y de aquellos que reproducen con el nepotismo, la simonía y la corrupción en tiempos pasados y en la actualidad estos comportamientos.
De contrario seremos aplastados y aniquilados por el juicio de Dios que lo ve y lo sabe todo.

