En este año somos privilegiados de unirnos al Corazón Abierto del Señor en la Cruz, a la hora de Nona. A los pies del Calvario estaban la Madre del Señor y su discípulo Amado.

No siempre podemos participar de estas celebraciones por una causa u otra. Pero hoy si. Hacemos el sacrificio con toda la Iglesia de privarnos de la Santa Misa, el ayuno más difícil de todos para acompañar a Cristo y abrazar su Cruz.

Pedimos por las necesidades universales. Llevamos en el corazón a los que sufren por las guerras, la violencia y los que han caído de tan alto pensando que allí estarían para siempre y nos damos cuenta hoy de que todos sin excepción seremos despojados de todo como le ocurrió al mismo Hijo de Dios.

Y con los pobres y sencillos, que son la mayoría de la población, sigamos caminando juntos como Iglesia, no paremos… Hay que trabajar afanosamente y de manera honrada, aunque deje poco beneficio… Y hay que aguardar a la noche más importante de todas en la que anunciaremos que el Crucificado ha resucitado, los nuestros lo harán con Él y nosotros suplicamos alcanzar esa misericordia.