La última de las Apariciones del Resucitado a sus discípulos, después de la Pesca Milagrosa de noche y comer de ella, Jesús escruta tres veces a Pedro para que tome asuma su misión de Pastor Universal de los Obispos y de todo el Rebaño de Dios.
Todo el que se compromete con el servicio de la Iglesia para la salvación del mundo ha de arrepentirse de su negaciones, tradicionales y malas acciones contra el prójimo.
De seguro que nuestras culpas serán expiadas cuando madure y envejezca. Ha de atravesar por el camino doloroso de la Cruz.
Muchos nos auxiliaran y sostendrán. Otros más nos harán correr la misma suerte de Cristo.
Cercanos al cierre de la Pascua, nos aferramos al pastoreo de San Pedro y reconocemos nuestras fallas y pequeñez, y nuestro esfuerzo por amar a Jesús y cuidar y proteger de sus ovejas.

