La misión implica el envío en medio de los lobos o demonios de la mentira, la envidia, las críticas destructivas, los vicios y las malas conductas.

Hemos de buscar la gracia del bautismo que nos hizo ovejas del Rebaño de Jesucristo.

Dar testimonio de las bondades del Señor en medio de una vida y sociedad dificil e injusta de lidiar con ella.

¿Por cuántas y cuáles cosas buenas, momentos de perdida y dificultades superados, y esperanzas que renacen tenemos que dar gracias con esta Eucaristía?

Son tantas y por tantos que hemos de agradecer. No dejemos que nuestra mente se pueble de recuerdos y pensamientos negativos.

La maldad nunca reinará. Todo lo imperfecto es transitorio.

El Espiritu de Dios se manifiesta en nuestras vidas por los Sacramentos de la Iglesia. Dejemos que se manifieste. Él es la fuerza y el amor de Dios, el regalo inmerecido y maravilloso para nuestras almas.

Si familiares, cercanos y desconocidos nos hacen el mal, con más razón hagámoles un millón de veces el bien.

Viene el Señor… Y muy pronto… Ya vuelve… Recibámoslo.