Privar del pan a los hambrientos no es posible de justificar de manera alguna.

El efecto de toda religión es cultivar en toda sociedad la justa distribución de los bienes de forma equitativa y oportuna para que a nadie falte alimento, protección y participación.

Del Sábado al Domingo ha dado el paso la Iglesia. El Rey Ungido de Dios es el servidor y Maestro de todos. Los Sacerdotes abren las puertas de acceso a los bienes del Cielo. El pueblo se ha convertido en familia que reunida por el mismo Señor de la creación se sienta a la Mesa del Convite de la Nueva y Definitiva Alianza.

Erradicar el hambre, las prácticas religiosas deshumanizadoras y segregadoras y crear y promover el trabajo digno para todos conforma uno de los pilares claves de la Doctrina Social de la Iglesia que enseña el Santo Padre, en la línea de sus antecesores.

Comer todos del mismo Pan es el fruto de que todos estamos buscando a Dios.