El fuego bendito con que llamea el Cirio Pascual, Cristo Luz, nos recuerda las maravillas de la creación de Dios, su llamado a Abraham, la Pascua que anuncia la salida de la tierra de la esclavitud, la vuelta del destierro que provocaron nuestras idolatrías, infidelidades e injusticia y la promesa de un Salvador.
Al cantar el Gloria proclamamos al Cordero Pascual que quita el pecado del mundo y atiende a nuestras súplicas.
Ahora renovemos nuestro bautismo. Somos del Señor y a Él servimos en el Espíritu Santo que habita en los limpios de corazón e intención.
Y todo para recibir la prenda de la gloria futura: a Jesús Eucaristía.
¡Cuándo digo Jesús me refiero a la Eucaristía, y cuando digo Eucaristía me refiero al mismo Jesús Sacramentado!
No hay otro… Es el mismo que se apareció a sus discípulos y un día le veremos cara a cara si le recibimos como el Pan nuestro de cada día.

