La Virgen del Jardín que Dios se preparó, la Viña siempre fecunda, el paraíso inmaculado. Todo esto significa Carmen.
Y cada vez que menciona al jardín, a la viña y al paraíso la Escritura Santa y la Sagrada Liturgía que la celebra nos referimos a la Virgen María.
En la gruta de aquel Monte Carmelo vivía el Profeta Elías que reconcilia a Padres e hijos. Allí dónde no son los rayos ni los truenos de la imposición, ni los huracanes devastadores de los intereses particulares, menos los terremotos de la atrevida estrechez de mente y corazón que no respeta a nadie ni a nada, sino que busca excluir, a como de lugar, la reforma y renovación de todas las cosas.
Y lo logrará la Estrella del mar, Stella Maris, que guía, protege y lleva a buen puerto a los que trabajan en el mar y en la defensa de los habitantes de sus costas.
Y a los que portan su escapulario, como dice Santa Teresa de Jesús, con una vida bondadosa, justa y honesta, serán librados de la condenación del infierno destinado a los que hacen lo mal hecho.
Con el Santo Escapulario del Carmen, renovemos nuestra consagración al mismo:
Señor Dios nuestro,
bendice estos Escapularios del Carmen
que estos Hermanos quieren vestir
como signo de dedicación a la Madre de tu Hijo;
que este vestido les sirva
de estímulo ante las exigencias evangélicas
y de esperanza de la vida eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

