Mañana es Domingo de la Santísima Trinidad. Por ello, hoy celebramos el encuentro de dos madres, una de muy avanzada edad y la que presurosamente llega desde muy lejos y por caminos muy difíciles a asistirle.
Los sábados celebramos a la Virgen María, y por ello, a las madres. Este es su día de la semana laboral.
La Virgen María, Sagrario peregrino de Dios, tiene poco tiempo para descansar. Mientras nace Jesús, se ha dedicado por entero a su pariente Isabel y al Bautista hasta su nacimiento.
Madre y servidora, son términos similares. Pedimos por todas las madres, las que sirven a su descendencia y dan calor al hogar. E imposible no pensar a toda hora por las buenas madres que ya partieron al Cielo.
De seguro que la Virgen María ruega y acoge a cada madre.
A diario, al ocultarse el sol, la Iglesia, nuestra Madre, entona ante toda circunstancia el Cántico Evangélico de la Virgen María, tan antiguo como lo es la Fe Cristiana, para reponer sus fuerzas y aquilatar la esperanza, el único tesoro de los pobres y humildes.
¡No dejes nunca, Virgen Madre de visitarnos, y sabernos asistidos por tu presencia y cuidados! Solo así podremos continuar y mejorar en el servicio a los demás. Lo único que da sentido a esta existencia.

