Llega el Amo, el Señor, El Esposo. Son las Bodas del Cordero en cada Eucaristía, y un día será la última, la definitiva de esta vida temporal nuestra.
¿Cómo hay que estar atentos y en vigilante espera el total desconocimiento de este arribo?
En la Liturgía de la Iglesia, vestiduras, objetos, palabras, horas y acciones tienen, primero y antes que nada, un sentido práctico y útil que preserva y mejora la calidad de vida. Según un sentido espiritual trascendente con el cual participamos de la alianza de Dios y nosotros su pueblo, beneficiarios de la misma.
Los discípulos del Señor nos venimos la cintura para que la vestidura propia nos permita caminar a toda prisa, como los hijos de Israel emprendieron la salida de la esclavitud de Egipto y la marcha por el desierto.
Ceñidas las cinturas para poder trabajar y no caer, para luchar contra los enemigos y para servir a todos con plena libertad.
Queremos ser de los Bienventurados en dicha espera.
Pero, no hemos hablado de la hora en que esto ocurrirá.
En la hora del sueño más profundo, del descanso por el agotamiento en el servicio buscando reparar fuerzas. A la hora en que se turnaban los soldados romanos para vigilar y mantener el orden y la seguridad…. Desde las 6 pm, la primera Vigilia. De 9 a 12, la segunda vigilia, y de esta hasta las 3, la llamada vigilia del gallo, y una vez terminadas, prepararse para las labores del nuevo día.
¡Después de descansar y después de vigilar, vamos a trabajar!
