¿A quién pertenece tú corazón? ¿En qué actividades pones el alma? ¿En qué empleas todas tus fuerzas? ¿En manos de quién has puesto tu espíritu?
Una señora, hace ya muchas décadas, que nos acompañaba en el servicio de la evangelización compartía acerca del mandamiento primero que a Dios hay que amarlo con CAFE.
Amar a Dios con todo el Corazón, con toda el Alma, con todas las Fuerzas y con todo el Espíritu… Puede sonar infantil, para la catequesis de niños, más es un recurso pnemotécnico que nunca se olvida.
La cuestión es cómo ponerlo en práctica.
El Apóstol San Pablo nos da la respuesta en la I de Tesalonicenses, el primer escrito del Nuevo Testamento, que dará del 50 DC y que cita dicho primer mandamiento, referido al matrimonio cristiano, fuente de todo amor humano.
Para amar a Dios y al prójimo hay que:
1.convertirse a Dios abandonando los ídolos, es decir… la sobrevaloración y apegos a lo material, a las personss y a sí mismo.
- servir al Dios vivo y verdadero, es decir… Buscarle, encontrarle y relacionarse con Él en la obra de sus manos (la creación, los seres humanos, la propia persona que se valora, respeta y se promociona en el bien, y por supuesto en la Eucaristía y en los Sacramentos de la Iglesia).
3.y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro, es decir… dedicados a hacer el bien e ir en auxilio de los pobres que nos rescatarán del del infierno destinado a los malos administradores y a los egoístas.
Ruega por nosotros, Madre del Amor Hermoso.
