Tenemos en República Dominicana la gran bendición de celebrar, después de Santo Domingo de Guzmán y su enorme legado del Santo Rosario, la Fiesta de la primera Basílica dedicada a la Virgen María.

Lugar este, tan querido por el Papa Francisco. Punto de partida de sus visitas apostólicas por todo el mundo, y a su retorno a la ciudad eterna, de acción de gracias a la Virgen María con una ofrenda muy sencilla de flores en la Imagen de la Madre del Señor. Pidió ser sepultado allí. Primer Papa en la historia cuyos restos allí descansan y son venerados, tal como hizo prontamente, una vez elegido, León XIV.

No me canso de repetir cada año en este día que nuestra Casa, la Catedral de Santo Domingo, primer templo de América y Cabeza de todas las edificaciones sagradas del Nuevo mundo se llama Santa María, la Menor.

Clamamos a nuestra Señora de la Encarnación tal como el pueblo más humilde, la riqueza de nuestro más preciada de Dios dice: María, llévame a Jesús… A Jesús Eucaristía.