Uno de los Misterios de nuestro Señor Jesucristo de los que comulgamos con todo nuestro del gran Misterio de nuestra fe que la Eucaristía.

A lo largo de todo el Ministerio Público del Señor, y en especial, de todo su Misterio Pascual, San Pedro esta presente.

Y en esta ocasión, como en la resurrección de la hija muerta de Jairo, el jefe de la sinagoga y en Getsemaní, otros dos pobres y poco letrados pescadores le acompañan, los hermanos Apóstoles que querían la Gloria del Reino de Dios, y se les concedió.

En lo alto de la montaña de Dios se ha manifestado en Carne y Sangre la ley Moisés y la Profecía de Elías. El mismo Autor e impulsor de la misma con su Espíritu se ha hecho presente para siempre.

Para ello, tenemos que caer rostro en tierra, como lo hicieron los Santos Apóstoles y proclamar lo que a su vez los nos ha transmitido: Este es mi Hijo Amado, Escuchenlo… para que puedan comulgar del mismo Dios.

Moisés y Elías no pudieron hacerlo en vida. Los Apóstoles y nosotros, los hijos de la Iglesia podemos hacerlo.

¡Cuánto amaba San Pablo VI esta fiesta que al caer domingo se convierte en Solemnidad! Indicó en 1964, en este día, la reforma de la Iglesia que debia seguir el Vaticano II, un signo esta celebración para la vuelta a la unidad plena con el oriente cristiano que los ortodoxos tanto valoran, y un día como hoy, domingo del 1978, muerte el Papa que ha renovado para bien de la Evangelización a toda la Iglesia Católica!

Pues vamos ahora a transfigurar al comulgar, a sabiendas de que después vendrá subir al otro monte de Dios de la crucifixión de Cristo para salvación de este mundo.