Ya comenzamos a sentir el rigor del Tiempo Ordinario, de lucha, perseverancia, esfuerzo, emprendimiento y a la vez afrontar los deberes de cada día.
El hombre que dice que no tiene miedo con frecuencia ante las situaciones que se le presentan cada día no es un verdadero hombre. Hoy tomamos conciencia de que el infierno comienza en la tierra y lo provocan otros hombres a los demás cuando ven que sus intereses egoístas son obstaculizados por quienes reclaman sus derechos básicos y un trato humano.
Cada día al despertar y al dormir nos enfrentamos al juicio de Dios sobre nuestro sentir y proceder.
Ante Dios, dice el himno protestante somos libro abierto, sus ojos todo ven, nada le podemos ocultar. Todo un día saldrá a la luz, no le podemos engalanar. Entonces es la hora de ordenar y recomponer nuestra vida con el propósito de ser un libro escrito por Dios en nuestras frágiles y breves páginas… Qué todos puedan leer en él que buscamos al Dios que es nuestro Padre y que está pendiente de nuestras necesidades.
Más son tantos los que nunca podrán experimentar esto. No sabemos por qué.
Por ello, la Iglesia es fundamental… Para que todos se enteren, para que todos conozcan y vivan por medio nuestro este ciudado de nuestro Padre Celestial.
La misión que Jesús nos ha encomendado nos supera, pero tenemos un grano de arena que aportar, y no nos podemos negar.

