Imposible para el ser humano estar divido. Nuestra naturaleza humana requiere de libertad, fidelidad y dedicación. Nunca de esclavitud, ni dependencia, menos de estancamientos o degradación.
Madre solo hay una. Y es la que se entrega por entero a sus hijos. El hombre de María significa Señora o la Elegida. Una sola es la Virgen Madre de Jesús y espiritual nuestra.
Somos hijos de quien eligió libremente ser la Servidora por excelencia.
Y por ser la Servidora del Señor, nos indica como confiar y colaborar con la Divina Providencia del Padre.
El Señor de la Montaña nos devela el Misterio de la mutua colaboración, Divina y Humana. El alimento, el vestido, el hogar y la salud, provienen de lo alto y a la vez dependen de nuestro esfuerzo por adquirirlos y preservarlos en la contingencia de nuestra historia.
María es modelo de fe por su colaboración con la Buena Noticia del Amor provincial de Dios y nuestra colaboración con el trabajo reforzado de cada día.
Aunque los seres humanos con nuestras empresas estemos destruyendo la creación, ella se va a regenerar. Mares, ríos, aves, penes, vegetación, ciclos climáticos. Solo esperan la manifestación de los hijos de Dios.
Y por eso hemos de comprometernos con el Reino con el Reino de Dios y su justicia.
La añadidura es nuestra colaboración y compromiso con el proyecto de Jesucristo y su Iglesia en la tierra. Preparemos el Cielo desde acá.
El Sacramento de nuestra salvación es a la vez el Don de Dios mismo en el Cristo del Altar y el Pan nuestro de cada día.

