El Padre de Nuestro Señor Jesucristo ha.preferido a los humildes y sencillos de este. Los sabios y entendidos no lo necesitan.
Todo lo ha puesto el Padre en manos de su Único Hijo. Por la Comunión con Él es que podemos acceder al Padre Celestial.
Se ha revelado a nosotros en un pedazo de Pan y en poco de Vino que se transformará ahora en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Todos nuestros agobios y el cansancio que nos aplasta encontrarán alivio y descanso en el Sagrado Corazón de Jesús.
Está es nuestra escuela, la más alta sabiduría y el más profundo entendimiento de todas las cosas: aprender del mismo Corazón de Jesús.
Nos comprometemos a cargar con el yugo o la cruz de nuestras responsabilidades, de dar la cara ante los imprevistos, crisis y desplome de todo lo que acontece de súbito, y saber que toda carga con la ayuda de otros será llevadera.
Pero hemos de aliviar la carga de los demás, que sea ligera para ellos, como el Cirineo ayudó a Jesús en el Camino hacia su entrega total por nosotros.

