Después del Domingo del cierre de la Pascua, la antigua llamada semana de la Octava de Pentecostés, hoy jueves, como cada año, celebramos la Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Pedro, Santiago y Juan, acompañan a Jesús, quien después de instituir la Eucaristía, el Sacerdocio Ministerial y el Mandamiento Nuevo del Amor, va a Getsemaní, al huerto de los olivos a orar a su Padre durante aquella madrugada.

Perfecto acto de la voluntad divina y la voluntad humana de Jesús, que no exime ni rebaja a su única persona del dolor y del sufrimiento de la angustia ante el sacrificio que ha de realizar y que se avecina ya.

Hacer la voluntad de Dios, es decir darlo todo y darnos por entero por el bien de los demás, es la vocación a la que se nos ha llamado.

Demos gracias por los sacerdotes ordenados para que encuentren el consuelo y el impulso en su vida de oración y servicio a la entrega plena, realización de vida al máximo, en la misión confiada a San Pedro y a los dos Santos Hermanos Zebedeo de velar y orar, de forma que el estén animados siempre por el Espíritu de fortaleza y generosidad.

No olvidemos hoy de ofrecer la Misa por todos los sacerdotes y felicitarles en su día.