No podemos callarnos. Tenemos que clamar cada vez con más fuerza: ,¡Jesús, Hijo de David, te Compasión de mi!

Confesamos al Hijo de María Virgen nuestro Rey.

Nuestra vivencia de la fe debe ser similar a la de Bartimeo, quien soltó su manto.

¿Qué cosas debemos de abandonar para poder ver las cosas y a las personas como Jesús lo hace?

Hoy nos ha dicho el Señor: ¿Qué quieres que haga por tí?

Tenemos que pedirle al Señor que recuperemos el entusiasmo y las ganas de vivir, de luchar, de recuperar esas ilusiones e involucrarnos en proyectos que promocionen a las personas con discapacidades y auxilian a los que sufren graves carencias.

El Señor nos concede lo que pedimos si es conforme a su voluntad.