Inmerecido privilegio poder trabajar para recibir el Pan que da energías al cuerpo, que da norte y sentido a esta vida. Sin ello, esto es un absurdo.
Todo esfuerzo y recurso no es suficiente, y a la vez, vale la pena de hacer y entregar por el bien de los demás, el verdadero culto a Dios y milagro del que es capaz el ser humano.
Saquemos de abajo. Hagamos el máximo de los sacrificios, con la seguridad de que llegará la recompensa por el deber cumplido y más del mismo.
Buscamos a Cristo cada día no por sus signos, ni por lo que Él nos da en beneficio propio o alimento de un ego desproporcionado.
Vida eterna para todos. Una fe que confía en Jesús Eucaristía en su Iglesia, especialmente cuando no hay motivos para creer, cuando el vacío y la desmotivación hacen presa de nosotros y en especial, cuando nos cansamos de todo y de todos.
Con más razón e impetú vayamos a la otra orilla en la Barca de la Iglesia, con los discípulos de Jesús… Siempre habrá muchos otros a quien les urge que les llevemos al Pan de Vida.

