De la miseria absoluta al servicio de Pastor de una Diócesis de una tierra muy difícil de misionar, como las son todas. Así como uno de los filósofos cristianos más importantes, Doctor de la Iglesia con el Credo ut intelligam et Intellego ut credam.
(Creo para entender y entiendo para creer).

Despliega hoy todas sus velas la tercera semana de Pascua con la proclamación del Gran Yo Soy de Jesús, Pan de Vida.

Todo ser humano tiene un hambre que aparentemente se sacia, pero al poco rato ya estamos insatisfechos. Es nuestra sed de infinito y realización.

Primero hay que dar de comer a los que carecen de lo más elemental y de lo más digno para su subsistencia.

¿Cómo puede una persona, y más aún, un creyente, quedarse tranquilo e indiferente ante el hambre, la pérdida de sus enseres por las lluvias y la violencia que sufren las multitudes?

Y el conocer a Jesús, alimento del Cielo en la tierra.

¡Enseñanos Señor a compartir el Pan del Cielo!