De repente, sin esperarlo, la Palabra de Dios nos interpela. No es el algoritmo de lo que queremos por. Mucho menos se trata de milagrismos, magia o de un sorteo de la suerte.
Se trata de la vida misma. Hay que enfrentarla. No huir de ella o manipularla a nuestra apetencia.
La venganza o la revancha. ¡Inaceptables para quienes comulgan y se confiesan!
Sentarse en la otra acera a contemplar la ruina y la desgracia de los que nos han hecho mal… Son sentimientos incompatibles con el Sagrado Corazón de Jesús y con el Espíritu Divino que se derrama de su costado abierto.
¿Cuál debe ser nuestra conducta y sentir antes los que nos han hecho daño de cualquier manera?
Extremarnos en generosidad con los que carecen de vestido, con aquellos que la enfermedad ha golpeado no solo sus mejillas, sino todo su ser y permanentemente.
También los ancianos abandonados por los suyos necesitan compañía desinteresada, y si prestamos esperando que nos devuelvan, no solamente el monto o el objeto, es que buscamos atención y reconocimiento a cambio.
Las ayudas se hacen a los que están en situaciones pauperrimas y necesidades urgentes, en el mayor anonimato posible y honestidad de fondos palpable.
A todos nos queda tanto por aprender…

