La vida nos da sorpresas. Todos tarde o temprano, y más en un mundo tan pequeño, nos tendremos que encontrar.

Así será también al final de nuestra breve y traumática existencia, en el juicio final.

Al atardecer seremos juzgados por la caridad.

Y la realidad es que ninguno de los que me leen hemos pasado por el infierno de las torturas.

A lo sumo, hemos sido utilizados, sonsacados o traicionados. Todo eso debe quedar en el pasado, no cargar con esos absurdos recuerdos y seguir adelante.

Nuestro camino es el de la perfección cristiana por la Caridad Cristiana, por las Obras de Misericordia y por la búsqueda de una espiritualidad de paz, equilibrio, de vida lo más normal posible, sin excentricidades ni escapismos del mundo, sin nada ajeno a la fe católica de siempre.

Nada de enemigos… Siempre en la búsqueda de nuevas amistades, de personas que compartan los valores de la solidaridad, la armonía y una vida de conciliación con todos los que buscan el bien de los demás.