Nada de condenar, nada de comentar a escondidas y tras bastidores. Todo eso envenena el alma y se combate, se nota cuando una persona tiene una muy buena educación, que está acostumbradal rocé social y tiene una marcada dedicación a la buena lectura de auto formación.
Una de nuestras prioridades, hoy más que nunca es sanear nuestros ambientes, purificar, sanitizar de todo lo tóxico, de todo humo negro que puede infiltrarse en los lugares que habitamos.
En cambio, hemos de cultivar el ser bondadosos, generosos, compasivos, discretos, sinceros y contribuyentes al bien de los demás.
Pero, ¿Qué haces cuándo algo no está bien y hay que denunciarlo a las debidas instancias, con caridad o incluso públicamente? ¿Qué consecuencias esto nos puede acarrear?
Mirar a Cristo Jesús en la Eucaristía y esperar el tiempo de la Iglesia… es la respuesta.
Dios todo lo sabe…
La verdad siempre sale a la luz…
Pero hay un precio que pagar: la Cruz de Cristo. Si no, preguntemosle al Obispo San Paulino de Nola y a los Santos Mártires ingleses, al Obispo Juan Fisher y al laico humanista Santo Tomás Moro.
¡Cuándo suenen las campanas, esto se nos recordará!

