Vuelvo con el dicho que me está permeando, pero falta mucho para asimilarlo:
¡El que da todo lo que tiene, que luego no se queje!
Dar lo mejor de nosotros, no migajas, y dar en extremo, sin esperar recibir nada a cambio.
En el caso de la fé católica, y lo más sagrado de ella que es su Liturgía Sacramental y todo lo que la envuelve, no se puede involucrar en la responsabilidad de la misma a neofitos, a personas sin preparación o quienes tiene otros fines (pecuniarios, ególatras o infiltrados) o quienes no tienen la intención de una consagración al Señor Sacramentado.
Pero nunca como esclavos.
Orden, disciplina, educación, espacio, buen trato, respeto, libertad, compromiso y generosidad. Eso queremos y eso debemos a los demás. Es nuestra deuda con quienes tenemos que interactuar.
Está es la puerta estrecha… Se nos asegura, tal como ocurre con Cristo, que es el camino al Cielo y alejarnos de la perdición eterna.

