A la Virgen María, Madre de la Unidad, pedimos para que lo ocurrido aquel 31 de octubre de 1517 cuando Martin Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la Catedral de Wittenberg, víspera de la Fiesta de todos los Santos sea, no revertido, sino reconciliado y renovado.

A partir de aquella protesta se levantó una devastadora oleada de esciciones violentas en todo el mundo cristiano.

Oramos hoy en la Santa Misa por la unidad tan deseada entre católicos y protestantes, respetando las diferencias mutuas, sin sacrificar las identidades propias y promoviendo más lo que nos uno que aquello que nos separa.

Solo la Virgen María puede conseguirnos dicho milagro. Lo encomendamos a su amorosa súplica perpetúa a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.

Preocupemonos por conocer de buena fuente y a fondo la historia de la separación de las Iglesias y los acuerdos a los que los Papas y los pastores de dichas comunidades han fraguado en pos de la unidad en la caridad, el verdadero signo del Espíritu Santo.

PMAGS