Ayer, como cada 31 de octubre, a los 508 años de la separación de Lutero y sus protestantes de la Iglesia Católica, pedimos por la vuelta a la unidad de todos los cristianos y así, dar paso hoy, 1 de noviembre, a la contemplación del rostro de Jesús Pobre en el espíritu, Manso y Humilde de Corazón Misericordioso.

Por ello, no hay nadie más feliz, dichoso y bienaventurado que Jesucristo, y así serán todos los que comulgan de este Altar con su persona y su vida.

El Hijo Único de la Bienaventurada Virgen María es Dios y hombre verdadero porque lloró, porque tuvo hambre y sed, de justicia y trabajó por la paz con la Cruz hecha de la madera tallada por su Padre Adoptivo San José… La Cruz, insignia perpetua de los verdaderos hijos de Dios.

Santos y Mártires de Dios son todos los despreciados, criticados y perseguidos porque dedicaron su vida por entero al Reino de los Cielos.

¿Por qué no eres feliz? ¿Por qué no encuentras la dicha? ¿Por qué no vives en la bienaventuranza, es decir, como bendito, como santo de Dios?

Porque no vives ni sientes ni aspiras a lo mismo que sintió y vivió Jesús Eucaristía y todos sus Santos.

La decisión es tuya y mía…

Pedimos ahora también un espacio para nuestros difuntos, que mañana 2 de noviembre encomendarnos… Allí tendrán la felicidad, la dicha y la bienaventuranza por la que dedicaron está vida a nosotros, y será su paga tanto bien que hicieron en este mundo.

PMAGS