Una de las causas de persecución de la Iglesia por parte del imperio fue la intención de apoderarse de todos los bienes que aportaban los miembros la Comunidad Eucarística para la ayuda a los pobres de la misma.
Un imperio en crisis total por el derroche, la corrupción y una estructura administrativa sobrecargada, imposible de sustentar.
Los Diáconos tienen, por la naturaleza de su vocación, la asistencia a las mesas de los huérfanos, viudas y los más necesitados. Son los sirvientes de la caridad, cuyo deber es lavar los pies de los comensales de la Cena del Señor donde todos han de comer y beber.
¡Todo lo demás es solo una sombra que no debe de opacar ni omitir a quienes han de ocupar los primeros puestos en la Iglesia, los sencillos y humildes del Reino!
Por ello fue martirizado San Lorenzo Diácono en el siglo III DC, para marcar el verdadero modelo de sociedad.
Si se encuentra Cristo en el primer lugar, si damos generosamente, en lo oculto y sin ningún interés alterno, al que poco tiene no le faltará y al que mucho tiene no le sobrará.
¡Algún día la Iglesia vivirá lo que nos indican los Hechos de los Apóstoles!
¡María, Sirvienta y Madre de todos los servidores, Ruega por nosotros!

