La confusión de lenguas, la maldición que tanto nos atormenta desaparecerá. De Babel, nuestra Sociedad pasará a ser reino de sacerdotes y una nación santa.

De huesos secos, por la ley del Señor, por la Nueva Alianza del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, recuperaremos nuestra dignidad humana, y lo más importante… Ser mejores personas.

El Espíritu de Dios, que renovará la faz de la tierra, será derramado sobre los ancianos, dándoles aliento y nueva vida cuando todo parece que estaba muerto y lo vivido fue tiempo perdido. Y también los jóvenes verán un mundo mejor, por medio a su esfuerzo y trabajo honrado y dedicado a favor de los suyos, de la nueva ciudad que han de construir en búsqueda de un mundo sin diferencias raciales, económicas e ideológicas, cultivando los dones, frutos y virtudes del Reino de Dios.

En los Sacramentos de la Iglesia, en su Liturgía Divina brota la gracia que tanto necesitamos, en especial cuando más necesitamos ayuda, vendrá el Espíritu Santo del Padre y el Hijo en auxilio nuestro.

Ahora nos Adentraremos, sin artificios, sin provocar nada ajeno a la Tradición de la Iglesia Católica, en el seno mismo de la Santísima Trinidad, comeremos y beberemos del Cuerpo y la Sangre de Cristo, con la seguridad de que en nuestra alma brotarán ríos de agua vida, actualizaremos nuestro compromiso hecho el Sacramento de la Confirmación.

Servidores del Cuerpo de Cristo, agentes de mejora y paz en la sociedad, amparados y guiados por la Virgen María, Madre de la Iglesia.

Ven Espíritu Santo…