Se preguntan tantos, si repetir miles de veces el Padre Nuestro y las oraciones clásicas de fe tienen algún valor por si mismas o es preferible no repetir como hacian los fariseos que por mucho repetir, y hacerlo en público, enseñándose y de manera llamativa serían escuchados.
En lugar de esto, buscar vivir conforme a la voluntad de los Cielos que se han invocado.
A ninguno nos cabe duda que Dios es bueno, que nos ama, aunque no entendemos porque permite el mal, las injusticias y desigualdades extremas que actúan y están establecidas por medio nuestro en este mundo.
La petición del Padre Nuestro de cada día es el centro del Pater Noster. Refiere a Cristo mismo, nacido d María Virgen, la verdadera salvación para este mundo que nos sobrepasa, el cual somos un grano de arena que la brisa se llevará.
El trabajo de cada día en nuestro mejor agradecimiento a Dios por la vida, los nuestros, lo vivido, lo sufrido y lo perdido, y el bien que hemos hecho y mucho más que podamos hacer por los demás.
No saber perdonar, cargar con las cuentas pendientes que otros no cubrieron o nos defraudaron al no cumplirnos, empecinarnos en lo mal hecho o en los vicios. No basta solo pedir perdón o confesarse, si bien es cierto que es imprescindible ante Dios.
Nos corresponde no actuar en contra de aquellos que no les simpatizamos o responden a intereses contrarios al Evangelio y al bien común. La dureza de la existencia humana les pasará factura por si mismas. Oremos porque Dios tenga misericordia de ellos… Y de nosotros.
Danos Espíritu Santo el talante y la fuerza de huir de las tentaciones y huir de Satanás que siempre está revestido públicamente de ángel de luz.

