En tiempos de una crisis económica severa y amenazante de empeorar, el Sermón de la Montaña nos indica que nuestra ocupación ha de ser trabajar y hacerlo bien.

Ocuparnos de nuestra salud porque sino no podremos salir adelante.

Tiempo de priorizar los tesoros que hemos dejado que la polilla y la carcoma casi destruyan o queden en el olvido.

Las amistades sanas dan luz al caminar y nos promueven. Nos hacen ser mejores personas sin violentar nuestro espacio y sin condicionar nuestra persona. Tan importante es dejar respirar y ser a los demás.

Oportunidad esta para cultivarnos en las virtudes humanas y cristianas, aquilatar y pulir los valores cristianos de la solidaridad, la protección de quienes están desamparados ante los ataques del mal.

Mírar la situaciones, a las personas y a las cosas como lo hace Jesús y aquellos que le siguieron.

Son tantos los prejuicios, malos recuerdos y sufrimientos que nos atormentan, que por ellos nos hemos dejado envolver en ambientes de oscuridad, vanalidad y atropello, que nos urge salir de allí.

Acudamos al mayor tesoro, a los Sacramentos de la Iglesia, que siempre son gratuitos, de acceso libre para todos y signos de la Buena Noticia hecha Carne y Sangre, Cristo Jesús y el Hogar de Nazaret.