San José de Nazareth es el patrón de los que practican la justicia solo para ser vistos por Dios. Los emigrantes también recurren al castisimo esposo de la Virgen María, y aquellos que tienen que mudarse constantemente, los perseguidos y los que tienen que trabajar por el día a día.

El Padre Adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo es el modelo de todo hombre de trabajo. Dió sustento a tantos en su taller y en sus obras de construcción. Entrenó a tantos para que pudiesen cubrir las necesidades de un pueblo que requería constante mantenimiento por lo precario de la situación de la localidad y sus residentes.

La oración en familia, las peregrinaciones a Jerusalén y las visitas al Templo, sus ofrendas y la enseñanza sinagogal, todo era responsabilidad del cabeza de familia. Hay que recuperar está misión del Padre de familia trabajador, creyente y sacrificado por su hogar.

Y el ayuno… ¿De quién Cristo aprendió a platicarlo, en solidaridad con su pueblo, durante 40 días?

Aquí está el secreto de como resistir y rechazar las voces de sirena, las ofertas diabólicas, los reconocimientos o recompensas de un mundo que piensa que el cielo es poder, parecer y placer como recompensa ganada o sustraida del bien común.

San José, por tu intercesión y con la protección de la Virgen María, que podamos conseguir la mayor gloria y recompensa de esta vida es, sin merecerlo, participar del Pan partido y repartido, Cristo Jesús.