¡La Eucaristía salvó mi vida!. De no ser por ella, hace mucho hubiera abandonado la Fe Católica, e incluso a la Iglesia.

El memorial de la Pasión del Señor siempre estará con nosotros en las horas de mayor dificultad e incertidumbre.

Los frutos de la redención solamente los podemos recibir mediante la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

La paz únicamente entre nosotros es posible por la Eucaristía. La unidad en la caridad es posible de conseguirse y mantenerse al compartir entre nosotros y con los hambrientos el Pan del Cielo.

La seguridad de que Dios está con nosotros es que comemos de su Cuerpo y bebemos del Cáliz del Sacrificio hasta la misma Sangre del Hijo de Dios y de María siempre Virgen.

El lugar de las delicias, el sitio de nuestro recreo y la vida divina está a los pies del Altar de Dios, y se reserva para los enfermos y adorarlo perpetuamente en el Sagrario de la capilla.

Señorio de Jesús, Reino de Dios y inhabitación en el alma se alcanza con mucha lucha y perseverancia con la Eucaristía… Comulguemos, adoremos.