Nuestro Señor Jesucristo derrotó al mal personificado, al mal social que es capaz de atormentar a los hombres que van por el camino.
Desde su mismo hogar, recinto sacro de su familia, el Hijo Único de Dios y de la Virgen María, rechazó y combatió todo aquello que destruye la familia, la sociedad y el acceso a la vida eterna.
Esto lo pudo poner en práctica que creció bajo la tutela y guía de San José, Castisimo Esposo y Padre Adoptivo, siempre presente, siempre providente, siempre atento y cariñoso.
Cuando un hombre toma la decisión de vivir como y bajo el amparo de San José recibe las gracias de la fe, la paternidad, el trabajo y el anonadarse.
José de Nazareth, inseparable de la Virgen y del Hijo que los Cielos le encomendaron.
Por ello se le llama el terror de los demonios, porque venció el egoísmo, amo a los suyos y fue humilde ante todos.
Donde está Jesús Eucaristía, allí está presente la Virgen María, Madre nuestra, y donde están Jesús Eucaristía y la Virgen María, está inseparablemente San José.
Aquí, en esta Eucaristía, estan la Familia Sagrada del Descendiente del Rey David, única, irreparable, y a la vez, referencia y fuente de gracia para que alcancemos como Iglesia la plenitud de Dios en esta sociedad que a ellos pertenece, y no al principe de este mundo.

