El Bautista fue grande a los ojos del Señor porque se hizo pequeño. Fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre por la visita de la Virgen Encinta: Santa María Santísima.
Tantos somos los que recibimos al Señor por medio a aquel que lo señaló como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
La familia, padres e hijos tienen señalado el camino de la salvación y la reconciliación por el anuncio del Precursor. Tenemos que estar atentos, hacerle caso y declarar a Cristo Jesús como nuestro Único Salvador.
Acudimos a buscar el favor del Señor, tal como nos indicó San Juan Bautista, para, a su ejemplo, dedicarnos con más ahínco al servicio devoto y a las buenas obras dignas de los que responden al mensaje de la salvación.
Ahora recibiremos al que nos visite y redime pidiéndole que nuestros muchos pecados sean perdonados y que podamos comunicar su favor a los demás.

