A los pies de la Cruz están la Madre y la Iglesia personificada en el Discípulo Amado.

Y ante el Pecado del mundo, la violencia diabólica fraticida que con la lanza atraviesa el Corazón de Jesús brota el Agua, la Sangre y el Espíritu.

Signo de la vida eterna, la vuelta al Paraíso y la Gracia de Dios que Cristo otorga a la humanidad.

Pedimos ahora al comulgar por la elección de personas capacitadas, decentes y congruentes ciudadanos para que se renueve y crezca el Apostolado de la Oración en nuestras comunidades.